Desde el golpe de estado militar del 18 de agosto en Malí y que supuso el derrocamiento del dictador Ibrahim Boubacar Keïta, señor del imperialismo francés, detenido y luego liberado y que pudo exiliarse tranquilamente en los Emiratos Árabes Unidos, los principales actores de la situación maniobraron para preservar sus intereses. El golpe de Estado del ejército fue la conclusión provisional de una situación que se había vuelto ingobernable: marcada por el colapso del Estado, una profunda división del país, dos tercios de los cuales estan controlados por grupos armados que exigían la división del país o simplemente en guerra para garantizar la seguridad de su tráfico y el descontento popular vinculado a las desastrosas condiciones de vida y seguridad. Todo esto en el contexto de una intervención imperialista francesa: la operación Bhakane, que lejos de traer la paz a la región y este no es su objetivo, participa en el expolio de la propiedad del país asegurando los intereses mineros monopolistas. Esta intervención es cada vez más rechazada por los malienses que, con razón, la ven como una operación neocolonial. En estas condiciones, si el golpe de Estado acabó con el poder dictatorial, no resolvió de ninguna manera los problemas del futuro de Mali y podemos ver que hay una lucha severa para buscar el camino. El Consejo Nacional para la Salvación del Pueblo (CNSP) creado por los militares está lejos de ser homogéneo y de ser el único actor sobre el terreno. Las fuerzas imperialistas cuentan con importantes medios internos y externos para recibir y desviar el golpe. Si el CNSP inició un diálogo con las fuerzas de oposición a la dictadura los días 5 y 6 de septiembre, estas tampoco son homogéneas entre una M5-RFP
(Conjunto de las Fuerzas Patrióticas) que justamente exige ser un socio privilegiado del CNSP dado su papel en el malestar popular que precedió al golpe de Estado y plantea condiciones políticas en beneficio del pueblo y de la unidad de Malí para una salida a la crisis y el popular predicador salafista Mahmoud Dicko que hace campaña por un estado islámico y podría servir como rueda de repuesto para las fuerzas imperialistas. El entorno de Malí también brinda apoyo al imperialismo, por lo que la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) ha proclamado un embargo parcial sobre Malí y está haciendo demandas una rápida transición a las elecciones, que tendría la principal virtud de poner de nuevo en la silla y legitimar el viejo aparato gobernante. El ejército francés sigue presente en Mali pero también en los estados vecinos y hasta ahora el CNSP no ha solicitado cambios en los tratados y acuerdos con Francia ni se ha opuesto al mantenimiento de esta fuerza de ocupación. En la propia Francia, el gobierno afirma su intención de continuar la Operación Bahkane y reúne a un amplio espectro de fuerzas políticas. Si se escuchan voces, cuestionan más sobre los objetivos de la operación que sobre la operación en sí. Así, el partido de Mélenchon (La France Insoumise), si llama a un debate en la Asamblea Nacional, tiene cuidado de no denunciar la intervención imperialista de Francia. Por nuestra parte, lo denunciamos y lo combatimos. No habrá independencia real de Mali como de otros países de la región sin que cesen las intervenciones imperialistas y nuestra solidaridad va hacia las fuerzas políticas que quieren acabar con las formas neocoloniales del imperialismo.